Condicionamientos de la narrativa a partir de los 60

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Condicionamientos de la narrativa a partir de los 60

Mensaje  Invitado el Lun Mar 08, 2010 8:51 pm

María de la Cruz Santos Monllor
Licenciada en Historia del Arte


Durante los años 60 se produce una importante mejora. El fin del aislamiento del régimen permite la entrada de libros e influencias literarias extranjeras que con el paso del tiempo irá a más.
La oposición al régimen es capaz de organizarse mejor. Se da una cierta politización entre los capas de los jóvenes universitarios, profesiones liberales y clase trabajadora. Surge por ello una prensa crítica o liberal como Triunfo, Cuadernos para el diálogo o Revista de Occidente. Ello es posible por la reorganización de la oposición y el acceso de nuevos sectores a la cultura.
La mejora económica produce una transformación del mercado editorial. Destino sigue lanzando autores a través del Premio Nadal a la que se incorpora Seix Barral no sólo descubriendo valores patrios sino transmitiendo la novela extranjera contemporánea.
Se produce una posición, de compromiso de los escritores aunque ahora de signo político contrario al régimen y organizado más o menos en torno al PCE.
La novela social es el movimiento novelístico más importante y característico de la época.
En 1975 muere el general Franco y comienza en España una época de cambios políticos que iban a integrar a nuestro país dentro de las democracias occidentales. Si miramos hacia el mundo cultural, el hecho más trascendente fue sin duda la eliminación de la censura: libertad era la palabra.
Podemos citar algunas características definitorias de la cultura española:
- El rasgo más importante de la evolución cultural fue el fin de la censura y la vuelta de miles de exiliados entre los que había destacadas figuras como Rafael Alberti, Claudio Sánchez Albornoz o María Zambrano. El ciclo cultural normal se había restablecido. La libertad había vuelto tras 40 años a la cultura española.
- La cultura española consiguió en estas décadas incorporarse a la creación cultural europea y mundial. Por otro lado, las creaciones extranjeras influyen hoy directamente sobre los artistas españoles superando el atraso que en este sentido había producido la dictadura.
Uno de los caracteres culturales en los años 1970-90 ha sido la mercantilización de la cultura, el arte se convierte en objeto de consumo. El mercado literario se ha regido a partir de entonces, con mayor mimetismo que nunca, por las leyes que el mercado capitalista había aplicado tradicionalmente a la producción industrial y que en la literatura se aplicaban amortiguadas por su consideración como arte.
La realización de estudios de mercado pasó a ser algo habitual. Una vez determinadas cuáles son las demandas del público, se traslada el trabajo creativo a los escritores.
Esto ha llevado a revitalizar la escritura por encargo tan propia del siglo XIX. Así, las modas literarias, generalmente originadas en el extranjero, resultaron determinantes en la evolución de la novela de estos años.
La utilización de las campañas de promoción y de la publicidad mejoró considerablemente. Los medios de comunicación fueron la plataforma para promocionar a determinadas obras y escritores (suplementos culturales y literarios de los periódicos destacando por su influencia durante toda una época el de EL PAÍS, revistas culturales con secciones de crítica de libros como El Urogallo, Leer, etc.).
Los premios más importantes, como el Planeta o el Nadal comenzaron a convocarse con fines esencialmente comerciales. Se fallan poco antes de fechas estratégicas (navidad o verano) para conseguir ventas mayores. Dejaron de ser justas literarias entre jóvenes y desconocidos autores pues resulta más rentable que venzan escritores consagrados (Marsé, Cela, Muñoz Molina) o incluso presentadores de televisión con lo que la promoción resulta mucho más sencilla y hasta gratis (pues los presentadores aparecen todos los días en la pequeña pantalla).
La incorporación de cientos de miles de españoles al sistema educativo generó un público potencial para la literatura más amplio, sobre todo para la literatura juvenil. Sin embargo, no está tan claro que todo ese público demande una literatura de calidad. Por ello surgió (sobre todo en determinados subgéneros como el terror, la intriga o el erotismo) una sub-literatura que caracterizada por su escasa ambición temática y estilística, es simplemente un objeto de ocio más y no se plantea la perduración a través del tiempo (requisito indispensable para la creación artística).
Todas estas razones permitieron un importante aumento en las tiradas de los libros más vendidos, los llamados best-séller. Comenzaron a lanzarse ediciones de novelas con tiradas impensables años antes. 25.000, 50.000 y hasta 100.000 ejemplares han llegado a convertirse en tiradas habituales para algunos escritores españoles.
Sin embargo, mientras unos pocos copan el 70% u 80% de las ventas, legiones de escritores se contentan con un pedazo minúsculo de la tarta: el anonimato y cifras de ventas tan escasas que les impiden vivir de la literatura.
Los años 1970-90 se caracterizaron por su desarrollo confuso y en ocasiones contradictorio.
La multiplicidad de tendencias y corrientes fue tal que resulta muy difícil trazar un esbozo general. Sin embargo y a pesar de los inconvenientes que implica toda generalización, resulta necesario trazar aquí unos rasgos que puedan guiar el análisis de la literatura de esta época:
- En primer lugar, la novela de este período se caracteriza por la crisis del compromiso. Esta crisis del compromiso se debe a la influencia de la literatura extranjera e hispanoamericana donde la literatura de compromiso había caído en descrédito hacía años y también a que el final de la dictadura permitió que las ideas políticas se pudiesen defender, sin subterfugios. Por otro lado, sería injusto olvidar a escritores que dentro del género novelístico realizaron una disección crítica de la sociedad española durante esta confusa época. Muchas veces a partir de moldes policíacos como en el caso de Luis Mateo Diez, Juan Madrid o Manuel Vázquez Montalbán. Sin embargo, fueron los menos.
- La mayoría de la producción se moverá en parámetros opuestos. Fue tal la renuncia a tratar la actualidad social, que resulta casi imposible encontrar novelas durante este período que aludan a acontecimientos esenciales de España en estas décadas como el paro, el terrorismo, las amenazas golpistas o el felipismo. Incluso en muchas ocasiones se prefirió ambientar la novela en épocas o escenarios lejanos a la realidad española. Por tanto, la industria editorial y los escritores de esta época entendieron que la novela no era el lugar adecuado para el análisis social.
- El terreno donde se movió la novela de estos años fue el de la individualidad y los sentimientos. Se produjo un evidente cambio en el centro de interés: del nosotros (lo social) al yo (lo individual). Gran parte de la producción se centró en el análisis pormenorizado, y muchas veces con gran sensibilidad, de los sentimientos humanos. Así, el amor, la amistad, el miedo a la muerte, el orgullo, etc. fueron tratados desde un punto de vista individual e íntimo, sin incidencia social. Muchas veces, la novela se compone a partir de la tensión entre la sensibilidad individual y el exterior al individuo, de alguna manera hostil. En la mayoría de las novelas, se pretendió analizar las acciones humanas como consecuencia de unos sentimientos y unas pasiones determinadas y no como productos de la sociedad. Es más que probable que la sensación de aislamiento y de lucha encarnizada del hombre contra una sociedad cada vez más hostil, esté detrás de este auge de la introspección.
Las circunstancias históricas y políticas hicieron que diferentes generaciones de escritores con formación literaria y vivencias muy disímiles, confluyeran en la época 1970-90. Confluyen el grupo que podríamos denominar generación de la posguerra (Cela, Delibes, Torrente, etc.), la llamada generación del 50 o del medio siglo (Juan García Hortelano, Juan Marsé o Carmen Martín Gaite), un tercer grupo que se da a conocer en los sesenta y que se caracteriza por su ruptura con el realismo y su afán experimental (Juan Benet, Guelbenzu. Juan Goytisolo) y finalmente la generación de escritores que se dio a conocer durante los ochenta. Las características señaladas antes tienen relación con su obra más que con la de ningún otro grupo y así podríamos decir que son los escritores más significativos de estos años (1970-90). Entre ellos conviene destacar a Eduardo Mendoza, Julio Llamazares, Jesús Ferrero, Antonio Muñoz Molina, Félix de Azúa, etc.
Como conclusión podríamos decir, que aunque desde los medios se nos diga que la literatura está pasando por un mal momento, en que parece que la gente no lee, por la rapidez de la sociedad, sin embargo, ahora más que nunca, se compran libros, por lo que el género narrativo en modo alguno está en decadencia. Aboguemos por la literatura, una literatura de calidad que nos evada pero que a la vez nos enseñe.

María de la Cruz Santos Monllor
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